miércoles, 8 de mayo de 2019


Diálogo con José Carvajal: “La falta de fe literaria”.

Entre abril y mayo del 2014, José Carvajal y yo mantuvimos —vía Messenger— varios diálogos. Este fue uno de ellos.

José Carvajal: Efraim, noto una falta de "fe literaria" en escritores dominicanos de gran experiencia y calidad. ¿Qué cree usted ha provocado, o provoca, esa falta de fe y esperanza?
Efraim Castillo: Hace muchos años —algo más de cinco décadas—, mientras me encontraba fuera del país, un amigo español (y caricaturista para más señas), me presentó un dibujo donde aparecía un personaje muy parecido al mulato caribeño: piel marrón, pelo ensortijado y rasgos físicos algo ásperos. Lo extraño del dibujo era que el personaje tenía en la mano derecha un enorme serrucho. Cuando le pregunté al amigo español lo que representaba aquel dibujo, me respondió con una amplia sonrisa de crítico kantiano: Así es como interpreto al Ser dominicano, a tu gente. Desde luego, le pregunté que cuál era el significado del enorme serrucho en una de sus manos y, como si esperara mi respuesta, me disparó a quemarropa: Efraim, todos los dominicanos que he conocido, con excepción de muy pocos, o se critican continuamente entre sí, o se las ingenian para serruchar las oportunidades de otros coterráneos. Aquel dibujo y la teoría de la “serruchadera de palo” expresada por el amigo caricaturista me han acompañado a lo largo de cincuenta y dos años. He comprobado que la teoría no es cierta en varios ámbitos de los procesos sociales, y sí en otros, sobre todo en aquellos donde las posiciones conflictivas se asientan en estructuras intelectuales. Nietzsche en su ensayo “Sobre verdad y mentira en sentido extra moral  (Obras completas, Vol. I”, Editorial Prestigio; Buenos Aires, 1970), enuncia que:

 “La verdad es la base que se adultera al operar la zancadilla, (como) una milicia en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos (…) una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes”. 
Este enunciado de Nietzsche lo asocié, no sólo a la verdad sobre el Ser dominicano como serruchador consuetudinario de oportunidades y éxitos, sino al fenómeno que atosiga y enclaustra nuestra literatura al ámbito insular, ahogando brillos intelectuales y aupando individuos mediocres cuyos talentos no trascienden la frontera del tiempo. Entre las motivaciones que mueven ese atolladero figuran los brillos y éxitos alcanzados por algunas generaciones y las oportunidades perdidas por otras. 

Sin embargo, la prisión insular de nuestra literatura no se debe exclusivamente a “la serruchadera”, sino a un conjunto de factores:

• La educación literaria primaria, estancada en una didáctica que mueve los mismos nombres de autores, sin tamizarlos  a través de críticas responsables. Esos nombres de autores nacionales han sido movidos por las mismas editoriales que han sacado enormes tajadas pecuniarias con las tiradas de sus libros. Debido a este estancamiento en la educación literaria primaria, los estudiantes que no desertan de la escolaridad y alcanzan grados universitarios, nunca llegan a conocer los nuevos talentos literarios del país, exceptuando a los que las editoriales manejaron como productos de fácil venta.  

• La falta de bibliotecas escolares, las cuales corren el riesgo de ser olvidadas por el brillo petulante de los laboratorios informáticos, lo que completaría el crimen definitivo del hábito de leer libros impresos sobre papel, violentando esa estructura cultural multidimensional que McLuhan conceptualizó en “The Gütenberg Galaxy” (1962). 

• La carencia de editoriales que sepan mercadear y publicitar, no sólo libros, sino la propia lectura. Hace un poco más de cien años, cuando no existían cine, televisión y radiofonía, los diarios se encargaban de promocionar la literatura de ficción a través de publicaciones seriadas en diarios y revistas, tal como sucede actualmente con las telenovelas y otros seriales. Esas lecturas se promocionaban a través de afiches y quioscos. Ahora que las autoridades del Ministerio de Cultura han comenzado a publicar libros de los nuevos autores nacionales, se precisa de una profunda estrategia publicitaria para que los textos lleguen donde tienen que llegar, tanto aquí como en el exterior, contando las embajadas y consulados con una empleomanía supernumeraria que podría dedicarse a mercadearlos. 

• El primitivismo intelectual es una de las retrancas del brillo literario dominicano en el exterior. ¿Por qué se ha destacado Julia Álvarez en el exterior y no Ángela Hernández, o Emilia Pereyra, que son igual o mejores narradoras que la dominico-norteamericana? O ¿por qué Marcio Veloz Maggiolo, o Doy Gautier, o Roberto Marcallé Abreu, u otros, que escriben con más profundidad y ritmo que Junot Díaz, no figuran en algunas enciclopedias mundiales donde se destaca el dominico-norteamericano? La razón no hay que buscarla muy lejos. Está ahí: el primitivismo intelectual que nos estanca, donde cada cual obvia los brillos del otro, aún no se ejecute la “estrategia del  serrucho”, que acecha a cada paso.

• Se podría argüir que nuestra calidad narratológica no es de suficiente calidad para ser exportada, pero sé que eso no es cierto. He sido lector de ficción desde la niñez y la fabulación narrativa del país ronda una puntuación  de excelencia, sin contar con empresas donde los textos son sometidos a severos procesos correctivos, como en los países con largas tradiciones  editoriales. 

• Además, las temáticas enfocadas en nuestra literatura se apoyan casi siempre en conflictos sociales por los que ha atravesado la nación (revoluciones, dictaduras, golpes de estado, intervenciones extranjeras, etc.), no obstante la literatura light estar penetrando con suma rapidez en el país.

Creo, estimado José, que esos han sido algunos pasajes del atraso sufrido por el país respecto a la exportación de textos literarios. Puedes apostar, entre ellos, a que la “serruchadera” tiene algo de protagonismo, pero no tanto como la “falta de fe literaria”, que abunda en demasía e inyectada en la vena equivocada.

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