sábado, 2 de octubre de 2010

Sin mundo ya y herido por el Cielo, de Franklin Mieses Burgos


Franklin Mieses Burgos, Aída Cartagena, Manuel LLanes, Manuel Rueda,
Hilma Contreras y Lupo Hernandez Rueda, 1953.



Por Efraim Castillo 


Franklin Mieses Burgos

COMO REACCIÓN TARDÍA desde y hacia el proyecto postumista, el también proyecto de La poesía sorprendida no tenía más remedio que justificarse a través de lo universal, aún y cuando en el primer número de su órgano ideológico[1] los integrantes del grupo explicaban que estaban por una poesía nacional nutrida en la universal, única forma de ser propia[2].

Desde luego, habría que desmontar la concepción de lo universal para categorizarla y asimilar el sentido producido en lo presupuestado, ya que, antes, y como una obligación para el lector, debo propiciar una explicación de por qué utilizo la expresión reacción tardía como fenómeno promotor del proyecto de La poesía sorprendida.

El postumismo, como aspiración hacia una producción literaria militante que destacaba lo nacional a lo básicamente europeo-norteamericano, pudo desvincular lo particular de lo general, resaltando las categorías históricas en la protesta que Andrés Avelino, miembro fundador del postumismo, produjo  en la revista Cuna de América, por la ocupación yanqui de nuestro país. En aquella publicación el postumismo elevó una repulsa que, de por-sí, catapultaba la concepción de la particularidad específica de la República Dominicana ante sus interventores, no sólo como nación, sino también como singularidad cultural. Esto ocurría en el año 1921, exactamente veintidós años antes del surgimiento del proyecto de La poesía sorprendida, y ya, para entonces, se había producido la desocupación militar del país —pero no económica— por parte del gobierno norteamericano, así como el asalto del poder de Trujillo (trece años antes), la Guerra Civil Española, y la Segunda Guerra Mundial se encontraba prácticamente definida. De ahí, entonces, que no puede haber duda sobre la edificación de un concepto universalista, sobre todo oteando hacia Europa, que debía recuperar la memoria de dos décadas cruciales para la historia del mundo y cuyos contenidos estructurales, aún hoy, superviven por parte de los promotores del movimiento poético, quienes habían alimentado sus causas a partir del propio proyecto postumista.

Esto podría afirmarse en virtud de que su fundamento ideológico no se inmiscuye en el posicionamiento histórico de aquella realidad nacional de 1921 (en tanto que olvido, abandono, desdeñamiento), sino en un enfrentamiento casi abierto hacia un posicionamiento categórico, reducido a las particularidades de las influencias y desinfluencias de la función poética como reproducción de lo ornamental. Pero es bueno apuntar que al llamar reacción del proyecto postumista a La poesía sorprendida, implico para este movimiento una consecuencia por vinculación; es decir, que los vicios y virtudes del postumismo, al sobrevolar el sentido crítico y desanexar los señalamientos históricos pertinentes del Postumismo, pasaron íntegros a ésta, aunque —es preciso señalarlo— muchos de sus integrantes siguieron discursos que, hoy, sometidos a rigurosas investigaciones, se alejan ideológicamente de dicho proyecto.
  
Cuando los integrantes de La poesía sorprendida enuncian que están contra toda limitación del hombre, la vida y la poesía; contra todo falso insularismo que no nazca de una nacionalidad universalizada en lo eterno profundo de todas las culturas; contra la permanente traición a la poesía y sus permanentes traidores por la corta visión[3], simplemente están referenciando una reacción al postumismo, cayendo, sin embargo, en la doctrina de Tomar Spann[4] y ampliada por sus discípulos, en donde se propicia una creatocracia, una dictadura del auténtico creador (como capa más alta dentro de la organización corporativa del Estado) y por sobre los obreros (primera capa), artesanos, intelectuales menores y empresarios (segunda capa) y funcionarios, artistas especializados, jefes de las fuerzas armadas e, inclusive, del propio jefe del estado (tercera capa).

Claro, podría ser que los agrupados en el proyecto de La poesía sorprendida no surgiesen, como un grupo élite, amparados en esta doctrina, pero su posición ideológica y su reacción desde y hacia el proyecto postumista, evidencian ese discurso. Entonces, este planteamiento de totalidad evade lo histórico contenido en lo contradictorio, de la misma manera que alguna vez lo evadió el postumismo, sumergiéndose en un discurso puramente metafísico.


Sin mundo ya y herido por el Cielo

Franklin Mieses Burgos (1907-1976) fue el productor literario más importante del proyecto de La Poesía sorprendida y, sólo por esto, no podría categorizársele —simple y llanamente— como un bardo cuya producción se enmarcó definitivamente en ese discurso, ya que en sus objetos poemáticos, inmersos en un extraordinario metalenguaje, el lirismo expresivo cede a una visión retórica del amplificatio y exornatio y éstos a una glosa aparentemente inespecífica, pero cuya vinculación —a través de las relaciones sintagmáticas— refiere constantemente a reproducir lo social. Así, el proyecto inicial textual de Sin mundo ya y herido por el Cielo, cuyo título antes de ser publicado era Sin rumbo ya y herido por el Cielo (p.4 de la obra citada), requeriría, para este cambio de nombre, alguna explicación, aún con el riesgo de inmiscuir cierta especulación: ¿por qué el poeta desechó rumbo por mundo?

Rumbo es sinónimo de camino, o de ruta en la marinería, y es cada una de las divisiones de la rosa náutica; pero es, asimismo, pompa, esplendor y derroche. Mundo es ya otra cosa: constituye el conjunto de objetos y fenómenos materiales y sus relaciones e interconexiones que, implican a la vez, la fuente de conocimientos del Hombre a través de la práctica de la producción social. Es decir, que aun siendo bisílabos similifonéticos (y cuyo aprovechamiento ornamental para la construcción de un poema, que no para la poética, se utiliza a menudo), rumbo y mundo implican discursos diferentes y, tratándose de una desestructuración de la metáfora propiciada por un productor de la talla de Mieses Burgos, para el que cada símbolo envolvía, no un objeto o vehículo de simple enunciación, sino de riguroso ocultamiento (...) un objeto ideal al que se le atribuye la idea de otro objeto diferente[5], de algún modo un fenómeno de mucha importancia determinó dicha desestructuración, la cual, aunque no varió por completo la sinécdoque implicada en el título del poema —sobre todo porque ninguno de los objetos poemáticos que integran el texto total responde a dicha denominación—, sí modificó la intención del lector en su búsqueda.

¿Por qué desestructuró el título Franklin Mieses Burgos a tan sólo un año de haber publicado Presagio (uno de los cuerpos de Sin mundo ya y herido por el cielo), nombre éste que respondió en la publicación del 1943 a Yo estoy muerto con ella? Al parecer —el poeta contaba en 1943 con 36 años de edad—, Mieses Burgos comprendió que el marco de la dictadura no referenciaba un rumbo, sino un mundo objetivo existente fuera de él y podría haber intuido —a través de un proceso que albergó una serie de abstracciones— que dicho mundo referenciaba esa depresión que lo obligaba a enunciar su muerte con ella

“a la orilla del llanto sereno de la noche;
a la orilla del llanto donde caen las estrellas”.

Este reflejo de la naturaleza, como posicionamiento ubicado más allá de la posible explicación metalingüística del poeta, pudo posibilitar que la referencialidad estudiada a través del filtro de varios meses de una experiencia de autolectura, terminara por madurar el cambio de título y, así, posibilitar una variación del texto total  en el poema.

Pero en Sin Mundo ya y herido por el Cielo, opera prima de Mieses Burgos, no se cuela por ningún intersticio el discurso ideológico del universalismo como categoría histórica:

¿Qué descarnada mano de arcángel o demonio
 en la insondable noche donde termina el mundo
me está cerrando siempre tu ventana más alta?
¡Esa ventana tuya por donde yo he querido lanzar mi último grito,  mi más pesada piedra de soledad crecida![6]

…sino una vinculación, una ventana hacia lo social por donde el poeta adquiere el conocimiento a través del reflejo de la realidad con la otra ventana, la de ella, lo que constituye una pretendida inmersión en lo amoroso-sentimental y no en lo social-objetivo, en esa realidad cruel e inhumana de la dictadura.

Posiblemente al escribir el poema Mieses Burgos recibió la descarga evocativa de aquel grito en que Moreno, Avelino y Zorrilla, desgranaron las raíces profundas del alma nacional y volcaron en la totalidad de nuestra historia los mulatajes, las lágrimas, los estupores y las migajas de esta patria asaltada, en la revista Cuna de América, para protestar —como miembros del movimiento postumista— en contra de la intervención yanqui del 1916. Este recurso del poeta, esta incursión solapada pudo exonerar todo el proyecto de La Poesía sorprendida de marginalidad hacia la dictadura, de la misma forma que el Poema de la Hija Reintegrada lo hizo con el Proyecto Postumista. Sobre todo, en cuanto a la práctica mimética —inmersa en lo ideológico— de un discurso anegado en la metafísica, hacia lo que los propios proyectistas sorprendidos, aun muchos de ellos luchando por desvincularse de aquella influencia, no podrán concretar jamás: negar su vinculación al postumismo. De ahí —no puede haber dudas—, a que La Poesía Sorprendida, al igual que La Generación del 48, son hijos legítimos del manifiesto que Andrés Avelino redactó y lanzó en 1921.
Franklin Mieses Burgos resumido (1907 – 1976)
Nació y murió en la ciudad de Santo Domingo. Autor de una breve e intensa producción poética. Resalta por su exactitud a la técnica, su profundo lirismo y conceptos filosóficos de tinte existencial. Mieses Brugos fue uno de los iniciadores del movimiento literario de su país llamado "Poesía Sorprendida". Se determina por el acendrado Surrealismo y por su posición antidictatorial, en este caso, contra el gobierno del dictador Rafael Trujillo. Otros poetas que formaron parte de este grupo otros autores como Freddy Gastón Arce, Aída Cartagena y Gilberto Hernández Ortega, entre otros.
Podemos citar, entre sus múltiples obras poéticas, cronológicamente, las siguientes: Torre de voces (1929 –1936), Trópico íntimo (1930 –1946), Propiedad del recuerdo (1940 – 1942), Clima de eternidad (1944), 12 sonetos y una canción a la rosa (1945 – 1947), Seis cantos para una sola muerte (1947 – 1948), El ángel destruido (1950 –1952) y Al oído de Dios (1954 – 1960). Aquí presentamos un florilegio entresacado de varios de estos libros.
CUANDO LA ROSA MUERE

Cuando la rosa muere
deja un hueco en el aire
que no lo llena nada:
ni el eco que sepulta
su desolado rostro
herido en otra arena,
ni la luz que va sola
en río transparente
hecho por serafines,
ni la sombra que es ala
de un pájaro de nieblas
nacido sobre el viento.
 
Cuando la rosa muere
deja un hueco en el aire
que no lo llena nadie.
 
Sólo el llanto lo anega
con sus blancas estatuas
de sal petrificada,
con sus astros caídos
y sus nubes viajeras;
sólo el llanto lo anega
en estrellas pequeñas.  
Cuando la rosa muere
deja un hueco en el aire
‑redondo como un nido‑
para acunar tu pena.



[1] La poesía sorprendida No.1, Octubre, 1943. Ciudad Trujillo.
[2] Página 8.
[3] Ídem.
[4] A través de sus teorías, el filósofo nazi Tomar Spann trató de reivindicar la germanización de la filosofía kantiana , liberándola de las supuestas interpretaciones sesgadas a la que habría sido sometida por parte de filósofos judíos
[5] Alcántara Almánzar, en Estudios de poesía dominicana, Capítulo X, p.266.
[6] Versos 1, 2, 3 y 4 de Conclusión.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Historia personal con Efraím Castillo


Por
Aquiles Julián

He tenido un vínculo largo, gratificante y curioso con Efraím Castillo, uno
de mis héroes literarios personales.
Mi primer contacto con la obra de Efraím fue en los primeros años de los
´70, cuando fundé junto a Roberto Tavárez, Efrén Ballenilla y otros
amigos el Teatro de la Búsqueda, al que por la onda epocal se le agregó la
coletilla “Experimental”, por lo cual terminamos siendo el Teatro de la
Búsqueda – Experimental, TEBUSEX. El grupo surgió en una zona clase
media de Los Mina, vinculado a un club denominado Cultural Seis. Por 
residían Raúl Bartolomé, Domingo Tejada y otros, y desde esos años arranca
mi aprecio por él.
En el grupo montamos “Más allá de la búsqueda”, obra en un acto que
era parte del libro Viaje de regreso, de la autoría de Efraím Castillo. Y la receptividad del público,
en las presentaciones que hacíamos en clubes culturales, colegios y liceos, era alta.
La obra, que trata la angustia existencial de unos soldados, era aplaudida por la
concurrencia. Así arrancó la relación con Efraím, por mi parte.
Años después, Efraím, que posterior a la contienda del 1965 había incursionado
exitosamente en la publicidad, fue una referencia, junto a René del Risco y otros
escritores, cuando me inicié gracias a Juan Freddy Armando y a la receptividad de
William y Darío Vargas que me acogieron en Extensa Publicidad, en la actividad
publicitaria a comienzos de los años ´80 del siglo pasado.
Efraím era no sólo un ejecutivo y hacedor dedicado publicitario, también era un
polemista y teórico que sostenía puntos de vista sobre el quehacer publicitario,
contradecía otros y defendía un espacio profesional ganado a pulso. Es histórica su
Efraim Castillo
Premio Nacional de Literatura
polémica con el creativo franco-italiano Francois Zillé, importado transitoriamente
debido a una alianza entre Extensa Publicidad y la agencia europea Unitrós.
Zillé vino y alborotó el país con sus tesis creativas y publicitarias, buscando lógicamente llamar la atención y atraer clientela hacia la representante local de Unitrós, Extensa. Y Efraím le salió al frente sosteniendo sus tesis y ambos publicaron extensas páginas que yo leía y aprendía de Efraím, no de Zillé.  Años después, Efraím recopiló esos artículos junto a otros y los publicó en un libro.
François Zillé
Yo entré a Extensa Publicidad mucho después. No conocí a Zillé, pese a que mi fraterno Freddy Ortiz me señala como uno de los epígonos de Zillé. De hecho, cuando entré a Extensa, ya Unitrós y Extensa habían descontinuado la alianza, que no logró sus metas (Zillé se fue por todo lo alto y le hizo invertir a la pequeña Extensa unas pomposas dobles páginas autopromocionales en el Listín Diario que lastraron penosamente las finanzas de la agencia. No es sencillo impresionar en una ciudad y un país aldeanos, donde todos nos conocíamos y las cuentas publicitarias se movían, y todavía se mueven, por relaciones personales y no por criterios profesionales).

Años después, comenzamos por el 1977 a promover la Unión de Escritores
Dominicanos, UED. Su primer y único presidente lo fue el Dr. Víctor Villegas y yo
pertenecí como vocal a su primera directiva.
Iniciamos una serie de acercamientos a escritores renombrados de nuestro país, entre
ellos a Manuel Rueda. Y también lo hicimos con Efraím Castillo y ese fue el primer
encuentro personal que sostuve con él. Nos invitó a almorzar a varios escritores en El
Mesón de la Cava y compartió con nosotros impresiones.
La UED desarrolló un programa quincenal de actividades en la Biblioteca Nacional en
que estuve personalmente involucrado. Luego, hubo un cambio de directiva en la que no figuré y posteriormente el intento se sumó a decenas de intentos infructuosos de
relacionar y organizar institucionalmente a nuestros escritores. Don Víctor siguió
fungiendo formalmente como presidente de una institución que no existía, tal como
nuestros sindicatos, los “partidos emergentes” y muchísimas otras instituciones que sólo existen en los nombres y en los sellos.
Por aquellos años acompañé como un asistente más a Efraím Castillo a aquel acto en el antiguo Roxy de la calle El Conde en que puso en circulación su primera novela: Currículum, el síndrome de la visa,
y leyó, luego de la presentación de Diógenes Céspedes, aquel capítulo cargado de malapalabras que provocó la exaltación de lo que había quedado de Ramón Lacay Polanco, que arrastraba lastimosamente sus últimos
años mendigando un trago en la calle El Conde.
En ocasiones yo transitaba por la Enrique Henríquez, la calle donde estaba Síntesis, la
agencia de Efraím, sobre todo cuando por allí vivió mi queridísima amiga Genoveva González.

Efraím evolucionó hacia la novela, sin dejar de hacer crítica de cine, literaria, teoría de la comunicación publicitaria, teatro y las campañas con las que producía sus medios de vida. Era el comander, al que muchos envidiaban bajo las críticas acerbas en que la pequeña burguesía urbana dominicana entretiene sus noches.
Un día  Efraím nos invitó a la novelista Emilia Pereyra y a mí a su hogar y allí nos
agasajó con esmero. De él y su esposa recibimos un trato exquisito, afable y agradable. Y de ese día es la foto en que estamos juntos. 
Posteriormente hemos coincidido en algún lugar: en Plaza Lama, su cliente,  del que es la voz oficial y el asesor por excelencia, su mejor obra comunicacional visto los
imponentes resultados; o en cualquier lugar de la zona próxima al Jardín Botánico, ya
que somos vecinos. Él vive en Los Ríos y yo en Altos de Arroyo Hondo III.
Siempre sonriente, siempre fraterno, siempre estimulante. La última vez que le vi me
animaba a escribir novelas, su pasión. Y me expresó que me enviaría una obra de teatro: Adán, Eva y los Moluscos, para compartirla con el público lector.





 EFRAIM CASTILLO

Adán, Eva y los moluscos 

Escena
 
Personajes:
La mujer 
El hombre

La acción transcurre en una casa vacía que comienza a ser amueblada.

Una gran sala vacía. En algún rincón se apiñan muebles nuevos. En el foro,
dos grandes ventanas de cristal fino por donde entran los rayos plateados
de la luna. A pesar de la gran luna, la noche no es profunda y luce como si
colgara de uno de esos almanaques populares que se tiran en viejos divanes
como desperdicios. Se podría decir, entonces, que la escena es una rara
mezcla de credo oculto y feliz sospecha por algo que se presiente.

Cuando el telón se alza, EL HOMBRE y LA MUJER están acuclillados junto al cuerpo
de un anciano de pelo blanco y brillante. Él es joven y fuerte. Ella, joven también, y
muy atractiva. Ambos visten de rojo y, cosa extraña, llevan el pelo muy largo.

EL HOMBRE (como dándose cuenta de algún error)
¡Ah, sorprendente! ¡Aún respira!

LA MUJER
¡Cierto! ¡Aún respira!
(Ambos se miran perplejos)

EL HOMBRE
¿Habrá que matarlo de nuevo?

LA MUJER
¡No, no lo creo! ¡Él morirá solo!

EL HOMBRE (como recordando algo)
Recuerda esto: “...hay que ayudar a morir”. ¿Lo recuerdas?

LA MUJER
Lo recuerdo bien... “...hay que ayudar a morir”. ¡Sí, lo recuerdo!

EL HOMBRE (está anonadado, mientras observa el
cuerpo del anciano. No cree bien lo que ve)
¿Entonces...?

LA MUJER
¡Entonces nada! ¡Aún respira!
EL HOMBRE (como excusándose)
¡Pero...!

LA MUJER (enérgica)
No, ¡elimina los peros de tus labios!...!Lo que pasa es que aún respira!

EL HOMBRE 
¡Al menos...!

LA MUJER
¡Deja, deja!... ¿No lo ves, no lo sientes...? ¡Lo que pasa es que aún respira!

(Silencio largo. EL HOMBRE se incorpora y camina hasta
una de las ventanas y se detiene allí. Luego vuelve hacia
donde está el cuerpo del anciano, lo contempla y, de repente,
como presa de una furia repentina, comienza a patearlo por
las costillas)

EL HOMBRE (pateando)
¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, nueve, nueve, nueve, nueve y...
diez y diez!

LA MUJER (que ha permanecido en cuclillas,
observa, relamiéndose los labios, la acción de EL HOMBRE)
¡Ya está! ¡Ya está!

EL HOMBRE (golpeando de nuevo)
¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, nueve, nueve, nueve y... diez y
diez! (Mira a LA MUJER y se seca el sudor que gotea desde su frente). ¿Qué? ¿Lo sigo
pateando?
 
LA MUJER (incorporándose, se encara a EL
HOMBRE)
¿Qué?... ¿Crees que ya está?... 

EL HOMBRE (aún sudoroso, abre la camisa del
anciano y coloca su oído sobre el pecho izquierdo de éste.
Permanece así unos segundos y luego se pone de pie y mira
a LA MUJER, que espera nerviosa una respuesta.)
¡Mierda! ¡Aún respira!

LA MUJER (cae abatida)
¡Coño, y yo pensaba que todo había acabado!

EL HOMBRE
¡Aún no… aún no está!

LA MUJER
¡Ah, todavía falta mucho tiempo!

EL HOMBRE
¡Cierto, todavía su muerte no está al doblar de la esquina! (Pensativo). ¡Te lo juro, creí
que a estas horas ya sería cadáver!

LA MUJER
¡Pero nada, coño… que aún el maldito respira! (Gritando) ¡Aún el maldito respira!

EL HOMBRE (gritando también)

¡Eso mismo… el maldito aún no es cadáver!

LA MUJER (como si se le ocurriese algo)
Pero aún podría ser…

EL HOMBRE (esperanzado)
¿Lo crees así?

LA MUJER
Tú lo insinuaste, al comienzo.

EL HOMBRE
Sí, pero...

LA MUJER
¿Ves? ¿Sientes?... ¡Has vuelto con los hijo-e-putas peros! ¡Estás apostando a que aún no
es la hora!

(Tras un largo silencio, EL HOMBRE camina hasta uno de
los muebles arrinconados y se sienta)

EL HOMBRE (golpeándose el estómago) 
Estoy hambriento.

LA MUJER
Vigila tus tripas.

EL HOMBRE
Llevo tanto tiempo vigilándolas, esperando que caiga el racimo maduro. Pero aún el
maldito respira… ¡señal de que el tiempo aún no ha llegado!

LA MUJER
¡Bah… la incierta hora llegará... y mientras más esperemos… con más vigor llegará! ¡Que
no te quepa duda! Todo será cuestión de saber esperar la hora, la terrible hora para
ellos, la feliz hora para nosotros.

EL HOMBRE
¡Esta es una verdadera mierda! 

LA MUJER
¿Por qué lo dices?

EL HOMBRE
Bien simple: ¡por el tiempo que falta para que sea feliz! Ahora pienso que nuestra hora
llegará con los escarabajos. ¡Tendremos que reiniciar los cichos!

LA MUJER

¡Echa a un lado los escarabajos, bien sabes que prefiero los moluscos! ¿Tú lo sabes? Los
moluscos no tienen huesos y son apetitosos.

EL HOMBRE
Eso es cierto, pero ciertas membranas conducen a los huesos. Te lo digo siempre que
hablamos de evolución.

(Un largo silencio que se quiebra por el sonido acompasado
y triste del tic-tac de un reloj, que EL HOMBRE y LA
MUJER escuchan con atención. Tras unos segundos, ambos
caminan hacia el centro de la escena)

¡Lo oyes… lo estás oyendo!

LA MUJER (prestando atención al sonido del tic-tac)
Escucho algo… ¿Y tú, lo escuchas?

EL HOMBRE
¡Sí, escucho algo! 

LA MUJER (acercándose al cuerpo del anciano)
Te digo que escucho algo. Dime, ¿qué coño escuchas?

EL HOMBRE (acercándose al cuerpo del anciano)
¡Calla, calla! ¡Déjame escuchar! (Encara a la mujer). ¿No sientes algo?

LA MUJER
¡Calla, coño! ¡Déjame escuchar!

EL HOMBRE
¡Shshshshshsh, escucha, escúchalo… aún respira!

LA MUJER


¡Ah, era eso: la respiración! ¡Cierto, la escucho, aún! ¡La escucho golpeándome aquí, en
las sienes, y aquí en las tripas, y aquí en el útero!

EL HOMBRE (mira hacia las ventanas)
¡Mírala, todavía está ahí la maldita noche! ¡Aún la noche persiste con sus sonidos y
oscuridad asfixiantes! (Señala hacia una de las ventanas por donde entran los rayos de
la luna) ¿La ves? ¿La ves? ¡Allí está la noche con sus rayos de plata esperando por los
muertos… esperando que caigan los huesos diseminados por el viento! ¡Ah, cómo odio la
noche avariciosa y glotona que rodea de silencio las luces del alba! ¡Sí, maldita sea, aún
está la noche que truena y que asusta… aún está!

LA MUJER (observando hacia las ventanas)
¡Aún está todo! ¡Aún está el huidizo sol desperezándose allá, por donde se mete el búho
cabizbajo y triste


EL HOMBRE (observa con pesadumbre el cuerpo del
anciano)
Y pensar que aún respira. Pensé que a estas horas mi corazón gritaría alborozado. ¡Pero
nada! ¡Ahí está el maldito cuerpo con sólo una leve herida en el parietal derecho! ¿Crees
que será preciso que nos devolvamos hacia el lodo, hacia el desgraciado charco
darwiniano y desde allí movernos como células aisladas, como espesos moluscos en
busca de huesos con formas! ¿Acaso seremos eso, tan sólo?

LA MUJER (áspera)
¡Los moluscos, los moluscos… nada de huesos tienen los moluscos!

EL HOMBRE (como buscando algo desde sus
adentros)
¡Ah, si todavía pudiera!

LA MUJER
¿Qué? ¿Si pudieras qué?

EL HOMBRE (señalando el cuerpo del anciano)
¡Pisar su boca y estrujarla!

LA MUJER
¿Y qué, coño? ¿Es que acaso no puedes?

EL HOMBRE (apenado)
Pero, ¡lo has visto, lo has sentido! Al parecer… ¡aún no es tiempo!

LA MUJER (dándole a EL HOMBRE y a ella misma,
un rayo de esperanza)
Pero, ¿por qué no probamos? ¡A lo mejor resulta!

EL HOMBRE
¿Tú crées? ¿Y si los tiempos nos traicionan?

LA MUJER (insistente)
¿Por qué no te callas y te preguntas si cuando le vuelvas a pisar la boca al maldito no
brotará algún diente de su apestosa boca?

EL HOMBRE (observa el cuerpo del anciano)
¿Tú crees? ¡Podría ser...!

LA MUJER (redobla su insistencia)
¡Vamos… anímate!


EL HOMBRE
¿Tú crees?

LA MUJER
¡Vamos, coño, vamos!

EL HOMBRE (entre la indecisión y la acción)
¿Sí...?

LA MUJER
¡Vamos… que esta vez resultará! ¿O crees que no?

EL HOMBRE
¿Qué, acaso no estás segura?

LA MUJER
¡Sí, pero debemos cambiar la estrategia! 

EL HOMBRE
¿Cambiar la estrategia?

LA MUJER
¡Sí! ¿Por qué ahora no le pateas las extremidades?

EL HOMBRE
Si hago eso… ¡podría gritar y alimentar la noche!

LA MUJER
¿Y qué?

EL HOMBRE
Eso mismo, que alguien podría escucharlo...

LA MUJER
¿Quién podría escuchar su agónico llanto?

EL HOMBRE
¡Bien lo sabes!

LA MUJER
¡No, no lo sé!

EL HOMBRE
¡Sí, sí lo sabes! ¡Bien sabes que Dios podría escucharlo y él está de su parte!

LA MUJER (camina hacia el mueble en donde estuvo
sentado EL HOMBRE y se deja caer pesadamente. El sonido
del tic-tac baja su intensidad y se escucha a lo lejos)
¡Ah, conque esas tenemos! ¡Aún, coño, le temes a lo invisible, a la desgraciada metafísica
que nos ha aplastado por siglos! ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Todavía le temes! ¿Acaso no sabes que ya
nos remontamos al espacio y allí no vimos más que lejanas estrellas! ¿Acaso no
comprendes que sólo somos un equilibrio de esplendorosa materia?

EL HOMBRE
Bien sabes que nací con él... ¡Con Dios!

LA MUJER
¡Ja, ja, ja! ¿Y qué?

EL HOMBRE
¡Ay, compréndelo! ¡Las cosas viejas, esas apestosas cosas viejas siempre están en
contraposición con las nuevas!

LA MUJER (cruzando las piernas provocativamente)
Lo que pasa es que todavía la tienes agarrada de la mano...

EL HOMBRE (sorprendido)
¿Qué? ¿Qué tengo aún agarrada de la mano?

LA MUJER (con brusquedad)
¡La metafísica! ¿Qué otra cosa podría ser? (Transición brusca). ¡Suéltala, me oyes,
suelta la maldita metafísica o morirás con ella! (señala el cuerpo del anciano)… ¡Y con
él!

EL HOMBRE (sentándose sobre el cuerpo del
anciano)
¡Ay, es que estoy tan cansado!

LA MUJER 
¡Nada! ¡Lo que pasa es que no quieres continuar! ¡Temes, temes a que te vean y te
señalen! ¡Pero ellos no podrán hacerte nada! Ellos están perdidos, y todo el que se
oponga a la historia morirá junto a él! (Larga pausa). Hace días, ¿recuerdas?

EL HOMBRE
¿Qué?

LA MUJER
Hace días... ¿no recuerdas?

EL HOMBRE
No, seguro que no recuerdo.

LA MUJER
Te lo diré. ¡Cuando subimos allá, al espacio, nos acompañamos mutuamente! Las
estrellas estuvieron más cerca del hombre. Dimos pasos sobre el infinito, desapareció la
atmósfera para nosotros. Es esto. Esto es todo. Ya comenzamos a ser independientes. Ya
no somos hombres de un solitario planetita perdido en las galaxias. ¿Y dónde crées que
estaban los ángeles? ¡En ningún sitio! Los ángeles, como dicen los curas, no están allá,
en las estrellas, ni detrás de las nubes. ¿Y Dios, acaso se dejó ver Dios en el infinito? ¡No!
¡Ya nadie podrá decir que Dios camina de nube en nube desparramando la guerra y la
paz!

EL HOMBRE
La guerra y la paz… ¿Tolstoi, verdad?

LA MUJER
¡Tolstoi murió! Y ya no habrá aislamiento del hombre hacia los hombres. ¿Sabes?, el
hombre se ha estado dividiendo mucho y necesitamos agruparnos para ser compañeros.
(Pausa). Animales sociales... ¡un hermoso mote (con fuerza) que podría traducirse
como animales colectivos!

EL HOMBRE
Me das fuerzas, pero...

LA MUJER (áspera)
¡Pero qué!

EL HOMBRE
¿No lo sientes tú?...

(EL HOMBRE desea cambiar de tema y entonces abre la
camisa del anciano)

LA MUJER
¿Qué? ¿La respiración? 

EL HOMBRE (buscando aún entre la camisa del
cuerpo del anciano)
¡Sí, cierto, la respiración, la respiración!

LA MUJER
¡Mírate, estás temblando como una gallina! ¿Sabes algo? ¡Desde que pueda te arrojaré a
los moluscos! Ellos, al menos, respetarán los tiempos. 

(LA MUJER se incorpora y grita con viva voz)
¡Cobarde, temes seguir adelante!

EL HOMBRE (incómodo)
¡No, no es eso! (Hace un gesto de incomodidad). ¡Bah, tú no comprendes!

LA MUJER
Sí, comprendo.
atmósfera para nosotros. Es esto. Esto es todo. Ya comenzamos a ser independientes. Ya
no somos hombres de un solitario planetita perdido en las galaxias. ¿Y dónde crées que
estaban los ángeles? ¡En ningún sitio! Los ángeles, como dicen los curas, no están allá,
en las estrellas, ni detrás de las nubes. ¿Y Dios, acaso se dejó ver Dios en el infinito? ¡No!
¡Ya nadie podrá decir que Dios camina de nube en nube desparramando la guerra y la
paz!

EL HOMBRE
La guerra y la paz… ¿Tolstoi, verdad?

LA MUJER
¡Tolstoi murió! Y ya no habrá aislamiento del hombre hacia los hombres. ¿Sabes?, el
hombre se ha estado dividiendo mucho y necesitamos agruparnos para ser compañeros.
(Pausa). Animales sociales... ¡un hermoso mote (con fuerza) que podría traducirse
como animales colectivos!

EL HOMBRE
Me das fuerzas, pero...

LA MUJER (áspera)
¡Pero qué!

EL HOMBRE
¿No lo sientes tú?...

(EL HOMBRE desea cambiar de tema y entonces abre la
camisa del anciano)

LA MUJER
¿Qué? ¿La respiración? 

EL HOMBRE (buscando aún entre la camisa del
cuerpo del anciano)
¡Sí, cierto, la respiración, la respiración!

LA MUJER
¡Mírate, estás temblando como una gallina! ¿Sabes algo? ¡Desde que pueda te arrojaré a
los moluscos! Ellos, al menos, respetarán los tiempos. 

(LA MUJER se incorpora y grita con viva voz)
¡Cobarde, temes seguir adelante!

EL HOMBRE (incómodo)
¡No, no es eso! (Hace un gesto de incomodidad). ¡Bah, tú no comprendes!

LA MUJER
Sí, comprendo. (Silencio largo. El tic-tac del reloj se hace de nuevo intenso.
Cuando disminuye, EL HOMBRE se acerca a la ventana
más próxima al cuerpo del anciano y se detiene a observar a
través de ella)

EL HOMBRE
¿Cuándo se habrá ido el sol?

LA MUJER
Se fue hace mucho tiempo.

EL HOMBRE (sorprendido)
¿Mucho tiempo?

LA MUJER
Si, hace mucho tiempo.

EL HOMBRE
¿Cuánto tiempo hace que se fue el sol?

LA MUJER
Casi en seguida…

EL HOMBRE (sorprendido)
¿Enseguida?... ¿En seguida de qué?

LA MUJER
Pues… ¡en seguida!

EL HOMBRE
¡Si!, ¿pero en seguida de qué?

LA MUJER
Al instante de nosotros comenzar a pensar… ¡el sol nos dejó! ¡Se largó, dejándonos de
lado! ¡Y eso que quisimos adelantarnos a su abandono! Pero el sol es sabio. Sí, muy
sabio es el sol. Nos prestó toda la energía necesaria para que nosotros razonáramos y,
sin embargo, nos dejó de lado. Parece que no vió con buenos ojos lo que comenzamos a
hacer… ¡y nos excluyó!

EL HOMBRE
¡Si, comprendo! ¡El sol se fue y nos dejó de lado! ¡El sol es muy sabio, muy sabio es el
sol! ¡No quiso estar con nosotros y por eso nos abandonó! (Pausa). Escucha, ¿y cuándo
regresará?

LA MUJER
(Silencio largo. El tic-tac del reloj se hace de nuevo intenso.
Cuando disminuye, EL HOMBRE se acerca a la ventana
más próxima al cuerpo del anciano y se detiene a observar a
través de ella)

EL HOMBRE
¿Cuándo se habrá ido el sol?

LA MUJER
Se fue hace mucho tiempo.

EL HOMBRE (sorprendido)
¿Mucho tiempo?

LA MUJER
Si, hace mucho tiempo.

EL HOMBRE
¿Cuánto tiempo hace que se fue el sol?

LA MUJER
Casi en seguida…

EL HOMBRE (sorprendido)
¿Enseguida?... ¿En seguida de qué?

LA MUJER
Pues… ¡en seguida!

EL HOMBRE
¡Si!, ¿pero en seguida de qué?

LA MUJER
Al instante de nosotros comenzar a pensar… ¡el sol nos dejó! ¡Se largó, dejándonos de
lado! ¡Y eso que quisimos adelantarnos a su abandono! Pero el sol es sabio. Sí, muy
sabio es el sol. Nos prestó toda la energía necesaria para que nosotros razonáramos y,
sin embargo, nos dejó de lado. Parece que no vió con buenos ojos lo que comenzamos a
hacer… ¡y nos excluyó!

EL HOMBRE
¡Si, comprendo! ¡El sol se fue y nos dejó de lado! ¡El sol es muy sabio, muy sabio es el
sol! ¡No quiso estar con nosotros y por eso nos abandonó! (Pausa). Escucha, ¿y cuándo
regresará?

LA MUJER

Eso mismo… el maldito aún no es cadáver!

LA MUJER (como si se le ocurriese algo)
Pero aún podría ser…

EL HOMBRE (esperanzado)
¿Lo crees así?

LA MUJER
Tú lo insinuaste, al comienzo.

EL HOMBRE
Sí, pero...

LA MUJER
¿Ves? ¿Sientes?... ¡Has vuelto con los hijo-e-putas peros! ¡Estás apostando a que aún no
es la hora!

(Tras un largo silencio, EL HOMBRE camina hasta uno de
los muebles arrinconados y se sienta)

EL HOMBRE (golpeándose el estómago) 
Estoy hambriento.

LA MUJER
Vigila tus tripas.

EL HOMBRE
Llevo tanto tiempo vigilándolas, esperando que caiga el racimo maduro. Pero aún el
maldito respira… ¡señal de que el tiempo aún no ha llegado!

LA MUJER
¡Bah… la incierta hora llegará... y mientras más esperemos… con más vigor llegará! ¡Que
no te quepa duda! Todo será cuestión de saber esperar la hora, la terrible hora para
ellos, la feliz hora para nosotros.

EL HOMBRE
¡Esta es una verdadera mierda! 

LA MUJER
¿Por qué lo dices?

EL HOMBRE
Bien simple: ¡por el tiempo que falta para que sea feliz! Ahora pienso que nuestra hora
llegará con los escarabajos. ¡Tendremos que reiniciar los cichos!

LA MUJER¡Echa a un lado los escarabajos, bien sabes que prefiero los moluscos! ¿Tú lo sabes? Los
moluscos no tienen huesos y son apetitosos.

EL HOMBRE
Eso es cierto, pero ciertas membranas conducen a los huesos. Te lo digo siempre que
hablamos de evolución.

(Un largo silencio que se quiebra por el sonido acompasado
y triste del tic-tac de un reloj, que EL HOMBRE y LA
MUJER escuchan con atención. Tras unos segundos, ambos
caminan hacia el centro de la escena)

¡Lo oyes… lo estás oyendo!

LA MUJER (prestando atención al sonido del tic-tac)
Escucho algo… ¿Y tú, lo escuchas?

EL HOMBRE
¡Sí, escucho algo! 

LA MUJER (acercándose al cuerpo del anciano)
Te digo que escucho algo. Dime, ¿qué coño escuchas?

EL HOMBRE (acercándose al cuerpo del anciano)
¡Calla, calla! ¡Déjame escuchar! (Encara a la mujer). ¿No sientes algo?

LA MUJER
¡Calla, coño! ¡Déjame escuchar!

EL HOMBRE
¡Shshshshshsh, escucha, escúchalo… aún respira!

LA MUJER
¡Ah, era eso: la respiración! ¡Cierto, la escucho, aún! ¡La escucho golpeándome aquí, en
las sienes, y aquí en las tripas, y aquí en el útero!

EL HOMBRE (mira hacia las ventanas)
¡Mírala, todavía está ahí la maldita noche! ¡Aún la noche persiste con sus sonidos y
oscuridad asfixiantes! (Señala hacia una de las ventanas por donde entran los rayos de
la luna) ¿La ves? ¿La ves? ¡Allí está la noche con sus rayos de plata esperando por los
muertos… esperando que caigan los huesos diseminados por el viento! ¡Ah, cómo odio la
noche avariciosa y glotona que rodea de silencio las luces del alba! ¡Sí, maldita sea, aún
está la noche que truena y que asusta… aún está!

LA MUJER (observando hacia las ventanas)
¡Aún está todo! ¡Aún está el huidizo sol desperezándose allá, por donde se mete el búho
cabizbajo y triste!

EL HOMBRE (observa con pesadumbre el cuerpo del
anciano)
Y pensar que aún respira. Pensé que a estas horas mi corazón gritaría alborozado. ¡Pero
nada! ¡Ahí está el maldito cuerpo con sólo una leve herida en el parietal derecho! ¿Crees
que será preciso que nos devolvamos hacia el lodo, hacia el desgraciado charco
darwiniano y desde allí movernos como células aisladas, como espesos moluscos en
busca de huesos con formas! ¿Acaso seremos eso, tan sólo?

LA MUJER (áspera)
¡Los moluscos, los moluscos… nada de huesos tienen los moluscos!

EL HOMBRE (como buscando algo desde sus
adentros)
¡Ah, si todavía pudiera!

LA MUJER
¿Qué? ¿Si pudieras qué?

EL HOMBRE (señalando el cuerpo del anciano)
¡Pisar su boca y estrujarla!

LA MUJER
¿Y qué, coño? ¿Es que acaso no puedes?

EL HOMBRE (apenado)
Pero, ¡lo has visto, lo has sentido! Al parecer… ¡aún no es tiempo!

LA MUJER (dándole a EL HOMBRE y a ella misma,
un rayo de esperanza)
Pero, ¿por qué no probamos? ¡A lo mejor resulta!

EL HOMBRE
¿Tú crées? ¿Y si los tiempos nos traicionan?

LA MUJER (insistente)
¿Por qué no te callas y te preguntas si cuando le vuelvas a pisar la boca al maldito no
brotará algún diente de su apestosa boca?

EL HOMBRE (observa el cuerpo del anciano)
¿Tú crees? ¡Podría ser...!

LA MUJER (redobla su insistencia)
¡Vamos… anímate!