domingo, 6 de diciembre de 2020

LA DÉCADA FINAL

 La década final

Por Efraim castillo

1

Así como la década del cuarenta marcó el auge de la dictadura trujillista, la del cincuenta fue la final, debido a un encadenamiento de fenómenos socio-políticos y cambios significativos en las hegemonías globales. Ese decenio conformó la Entregeneración del 50 [Franklin Domínguez, Máximo Avilés Blonda, Marcio Veloz Maggiolo, Ramón Emilio Reyes, Carlos Esteban Deive, Silvano Lora, Paul Giudicelli, Papo Peña, Ada Balcácer, Eligio Pichardo, Oscar Renta Fiallo —convertido luego en Oscar de la Renta—,  Carlos Curiel, Gilberto Hernández Ortega, Radhamés Mejía, Tete Robiou y Eunice Canaán, entre otros], alimentada por las influencias de una ola migratoria que Trujillo —mediante sus asesores— aprobó a finales de los años treinta para inyectar al país de nuevos conocimientos. Además, esa generación fusionó las experiencias de los escritores pesimistas de los veinte, del individualismo de los treinta, de los  poetas sorprendidos del cuarenta y de los atrevimientos creativos de los jóvenes del 48, junto a las vanguardias científicas y tecnológicas que emergían en el mundo.

 Silvano Lora

Es bueno recordar que en el plano global el decenio de los cincuenta se abrió con los inicios del endurecimiento ideológico entre EEUU, la URSS, la China de Mao y el establecimiento del paralelo 38 [1902-1948], que dividió Corea en dos, produjo una sanguinaria guerra que dejó más de tres millones de muertos y profundas heridas que aún se sienten y mortifican. Pero para la dictadura esa década vio apartados —y uno asesinado— a tres de los asesores más influyentes del régimen: Anselmo Paulino, Manuel Arturo Peña Batlle y Ramón Marrero Aristy. Asimismo, Trujillo debilitó el tesoro público por los gastos incurridos en el montaje de la fracasada Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre [1954-55], que sólo sirvió como prototipo arquitectónico urbano.

 Manuel Arturo Peña Batlle [Chilo].

En los cincuenta —por un pobre asesoramiento—, Trujillo se atrevió a secuestrar y asesinar a Jesús de Galíndez, motivando que las agencias norteamericanas iniciaran una investigación sobre sus tentáculos en EEUU y el Caribe, que se acrecentó con la desaparición y muerte del aviador Gerald Lester Murphy y, luego, la de Octavio de la Maza [1957]. Por una enfermiza percepción que le llevó a ampliar su seguridad [tras los derrocamientos de Perón, Pérez Jiménez, Rojas Pinilla y Batista], Trujillo fortaleció la represión interna, creando una atmósfera de persecuciones, encarcelamientos y torturas que se dimensionaron con el arribo al país de sicarios argentinos, venezolanos y cubanos. Pero lo que rubricó su ruina fue la expedición de junio en 1959, el atentado a Betancourt y el asesinato de las hermanas Mirabal, en 1960. 

 Rafael Leónidas Trujillo

Muchos desaciertos de Trujillo están asociados al desengaño sufrido cuando Ramfis no pasó el examen del curso de liderazgo militar en la Escuela de Estado Mayor de Fort Leavenworth, Kansas [1958], por preferir la dolce vita de la farándula hollywoodense que le presentó su cuñado Porfirio Rubirosa, donde conoció estrellas de cine como Kim Novak, a quien hizo fabulosos regalos. En esa aventura hollywoodense, Ramfis conoció a su última esposa, la actriz Lita Milán.

2

Los testigos del recibimiento de Trujillo a su hijo Ramfis —luego de fracasar en sus estudios de liderazgo militar en Kansas [1958]—, narran que esa recepción se convirtió en un amargo y vergonzoso desencuentro. Explican que el dictador había acudido al puerto de Santo Domingo acompañado de una unidad mixta de soldados y una banda musical militar a recibirlo y que, al subir a la fragata Presidente Trujillo y contemplar a su mimado hijo borracho, desaliñado y en compañía de mujeres, descendió furioso de la fragata y ordenó un “rompan filas” que aún retumba en los recodos históricos del país. Tras aquella frustrada bienvenida de un amoroso padre a su hijo, Trujillo obligó a Ramfis a someterse en Bélgica a tratamientos psiquiátricos y marcó y estimuló el progreso político de Joaquín Balaguer, quien ascendería desde la vicepresidencia del país a la presidencia, en 1960, cuando la dictadura navegaba hacia su final. 

 Ramfis Trujillo y Kim Novak

Además, la década del cincuenta —la final de la dictadura—  se vio marcada por la Revolución cubana [1959], un estremecimiento continental que motivó a la juventud dominicana y mundial a vislumbrar un camino redentor y fue a partir de aquella revolución que se encadenaron los factores que echaron a Trujillo del poder: a) en junio de ese mismo año llegaron desde Cuba expediciones armadas por Constanza, Maimón y Estero Hondo a combatir la dictadura; y aunque los expedicionarios fueron torturados y asesinados, dejaron en el corazón del pueblo dominicano un espíritu de rebeldía, germinando el Movimiento Revolucionario Catorce de Junio, cuyos miembros, mayoritariamente, representaban una juventud nacida y criada dentro del propio régimen; y b) el atentado a Rómulo Betancourt y el asesinato de las hermanas Mirabal, en 1960, acorralaron a Trujillo, siendo su régimen expulsado de la OEA. Al sentirse abrumado por esta expulsión, Trujillo trató de acercarse — sin el consentimiento de estos países— a la URSS y a Cuba, los cuales rechazaron sus propósitos.

 Fidel Castro Ruz

El atentado a Betancourt y el asesinato de las hermanas Mirabal crearon una visible repulsa a la dictadura, sobre todo en los sectores progresistas de la iglesia católica, y un año después, el 30 de mayo del 1961, Trujillo fue emboscado y muerto mientras viajaba a San Cristóbal para asistir a una cita amorosa.

 Manolo Tavárez y Minerva Mirabal

El decenio de los cincuenta, repleto de descubrimientos científicos y tecnológicos, así como de bruscos cambios en las estructuras sociales, dimensionaron los lenguajes estéticos y posibilitaron al hombre la exploración del cosmos. Influida por esos cambios, la joven intelectualidad dominicana se alejó vigorosamente del espectro de un trujillato que, a falta de ideólogos como Peña Batlle, instauró en el país una represión más violenta que la ejercida en los años treinta, mordiéndose su propia cola y obviando que en esa asombrosa década —por sobre la fuerza y la arbitrariedad— el ser dominicano ansiaba encontrar a ese sujeto, a ese propio yo perdido en la historia, a ese individuo insular pisoteado por los tratados fronterizos, por un colonialismo abrumador y las crueles dictaduras.

 

 

 

jueves, 26 de noviembre de 2020

ADULONES Y COBEROS

 

Adulones y coberos

Por Efraim Castillo

Recientemente conversé con un amigo sobre el papel de los adulones, lisonjeros y coberos a través de la historia; un nefasto papel que han desempeñado —y siguen desempeñándose— cuando las víctimas de sus adulaciones, lisonjas y cobas resultan ser reyes, héroes bélicos o estadistas con aspiraciones de convertirse en propietarios de sus naciones.

A partir de aquella conversación me pregunté si Nemrod, señalado como descendiente de Noé y organizador de Babilonia —de acuerdo al Génesis bíblico—, o todos aquellos que como la XIX dinastía egipcia (conformada por Ramsés I y sus descendientes), los reyes griegos y macedónicos, los emperadores romanos (desde Augusto y Tiberio hasta Aureliano, atravesando por los abusivos sicópatas Calígula, Claudio y Nerón); si esa estela de conquistadores criminales que impulsó la fiebre del oro y la fama para asesinar y despojar de sus tierras a los habitantes del llamado “nuevo mundo”; si Stalin, Mussolini, Hitler, Trujillo, Batista, Pinochet, Idi Amín Dadá, Pol Pot, Saddam Hussein, Omar Hasan Ahmad al-Bashir, y los delirantes canallas que han teñido de rojo los horizontes continentales, fueron alimentados en sus crímenes por adulones, lisonjeros y coberos. ¡Sí, lo fueron! 

 Nemrod

La coba, la adulación y la lisonja, cuando se prodigan hacia aquel que desvaría por el poder, no sólo provoca en él la ensoñación de que puede alcanzarlo, sino que establece un doble engaño: el efecto provocado en el alentado por la mentira y la sensación de plenitud en quien lo prodiga, que se considera con derecho a la prebenda y al pago de la   ficción inventada. Este cruel ejercicio, no sólo establece el endiosamiento del engañado, sino que arrastra a los que serán sus principales víctimas: los gobernados, los pueblos, que siempre ponen los muertos y las lágrimas. Por eso, casi siempre, el blanco fácil de la coba, de la adulación y el quitapolvismo es el dictador, que frente al espejo permite que su ego le grite que es mucho más grande que la figura reproducida ante él, por lo que necesita que los coros de coberos, adulones, lisonjeros, sobones y embelesadores, lo elogien constantemente, formando anillos donde la misma coba se vuelve trampa, intriga y calumnia.

Desgraciadamente, la historia dominicana está llena, envenenada, no sólo de coberos y lambones, sino de aquellos que fueron presas de sus tramas. Por eso, al estudiar el discurso que ha transcurrido desde el sueño precursor de José Núñez de Cáceres [1821], y la decisión de Duarte y los trinitarios de separarnos definitivamente de Haití en 1844, debemos detenernos en esta cáfila de mentirosos, cuyas adulaciones y cobas han entorpecido los caminos de la Patria.

 Juan Pablo Duarte

Pero no nos detengamos en los que auparon con sus alabanzas y aplausos corales a Trujillo. Miremos este hoy, este presente donde la política se nutre de esta escoria.  Miremos a nuestro alrededor y preguntémonos si se habrá detenido ese cáncer que embute en los cerebros de los gobernantes la coba y la mentira para provocar alucinaciones de continuidad y grandeza.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Absorción/Transculturación/Fusión

 

Absorción/Transculturación/Fusión

Por Efraim Castillo

En su columna El salto de la pulga [Listín Diario, 5 de noviembre, 2020], Freddy Ortiz lanzó al país un aviso que produjo escalofrío: “Esto pinta feo: 25% de los nacidos en la capital durante los últimos diez meses son hijos de haitianas traídas a parir”. Esa preocupación la había expuesto reiteradamente —tanto en este diario como en varias de las plataformas sociales de Internet— y se la señalé a Luis Abinader como una de las tareas que tenía pendiente el llamado gobierno del cambio si alcanzaba el poder. O sea, lo señalado por Ortiz es un eco de lo que se ha venido martillando desde hace años acerca del peligro que representa esta desmedida invasión de haitianos.

 Efraim Castillo y Freddy Ortiz

La diferencia entre el aviso de Freddy Ortiz y el conocimiento y la sospecha de esa invasión a través del útero, radica en que el por ciento señalado por Ortiz [25%] no se había asimilado desde la perspectiva de un por ciento tan elevado; es decir, que de cada cien nacimientos registrados en los hospitales de Santo Domingo, una cuarta parte de los mismos corresponden a haitianos. Y no se precisa ser avezado en aritmética para realizar el simple cálculo de que, si miramos hacia el futuro y multiplicamos ese porcentaje por un lustro o una década, el escalofrío podría convertirse en un abominable horror, en un terrible espanto y daría paso a un correlato cuyas consecuencias serían, primero la absorción numérica de los ciudadanos dominicanos por nacionales haitianos, y luego una transculturación y fusión como aconteció en Kosovo, aunque sin división, sino tal como soñaron los líderes haitianos desde que dirigieron su mirada hacia el Este de esta vejada isla.

La absorción biológica y el proceso de transculturación guardan un gran parecido al fenómeno de la hipertextualidad, la cual —apoyándome en Gérard Genette [Palimpsestes, 1962]— puntualiza “la relación que une un texto B [el hipertexto] a un texto anterior A [el hipotexto]”. O sea, el texto B [que voy a llamar Haití y su creole], al cubrir por mayoría al texto A [que llamaré República Dominicana y su español] termina transformándolo. Por eso, la absorción biológica es una asimilación y principia la fusión de una cultura a otra. De esos ejemplos está llena la historia.

 Gérard Genette

Los prohaitianos —esos traidores disfrazados de falso humanismo que satanizan y acusan constantemente de racistas a los que nos duele el país— deberían recorrer el viacrucis de nuestra historia y detenerse en las virulencias de los ataques haitianos y su horrorosa ocupación de veintidós años, en donde trataron por la fuerza de haitianizarnos con la imposición de su lengua y sus costumbres. Deberían estudiar el discurso histórico de Haití y entender por qué se ha convertido en un país fallido, en un país que tras no poder conquistarnos con las armas, busca ahora la fusión a través de una inmigración arrolladora, contando con el apoyo de los traidores del patio y las naciones que desean librarse de esa carga.

 

domingo, 15 de noviembre de 2020

ABSORCIÓN/TRANSCULTURACIÓN/FUSIÓN

 

Absorción/Transculturación/Fusión 

Por Efraim Castillo

En su columna El salto de la pulga [Listín Diario, 5 de noviembre, 2020], Freddy Ortiz lanzó al país un aviso que produjo escalofrío: “Esto pinta feo: 25% de los nacidos en la capital durante los últimos diez meses son hijos de haitianas traídas a parir”. Esa preocupación la había expuesto reiteradamente —tanto en este diario como en varias de las plataformas sociales de Internet— y se la señalé a Luis Abinader como una de las tareas que tenía pendiente el llamado gobierno del cambio si alcanzaba el poder. O sea, lo señalado por Ortiz es un eco de lo que se ha venido martillando desde hace años acerca del peligro que representa esta desmedida invasión de haitianos.

La diferencia entre el aviso de Freddy Ortiz y el conocimiento y la sospecha de esa invasión a través del útero, radica en que el por ciento señalado por Ortiz [25%] no se había asimilado desde la perspectiva de un por ciento tan elevado; es decir, que de cada cien nacimientos registrados en los hospitales de Santo Domingo, una cuarta parte de los mismos corresponden a haitianos. Y no se precisa ser avezado en aritmética para realizar el simple cálculo de que, si miramos hacia el futuro y multiplicamos ese porcentaje por un lustro o una década, el escalofrío podría convertirse en un abominable horror, en un terrible espanto y daría paso a un correlato cuyas consecuencias serían, primero la absorción numérica de los ciudadanos dominicanos por nacionales haitianos, y luego una transculturación y fusión como aconteció en Kosovo, aunque sin división, sino tal como soñaron los líderes haitianos desde que dirigieron su mirada hacia el Este de esta vejada isla.

 La lucha en Kosovo ha dejado trises huellas.

La absorción biológica y el proceso de transculturación guardan un gran parecido al fenómeno de la hipertextualidad, la cual —apoyándome en Gerald Genette [Palimpsestes, 1962]— puntualiza “la relación que une un texto B [el hipertexto] a un texto anterior A [el hipotexto]”. O sea, el texto B [que voy a llamar Haití y su creole], al cubrir por mayoría al texto A [que llamaré República Dominicana y su español] termina transformándolo. Por eso, la absorción biológica es una asimilación y principia la fusión de una cultura a otra. De esos ejemplos está llena la historia.

 Gerald Genette.

Los prohaitianos —esos traidores disfrazados de falso humanismo que satanizan y acusan constantemente de racistas a los que nos duele el país— deberían recorrer el viacrucis de nuestra historia y detenerse en las virulencias de los ataques haitianos y su horrorosa ocupación de veintidós años, en donde trataron por la fuerza de haitianizarnos con la imposición de su lengua y sus costumbres. Deberían estudiar el discurso histórico de Haití y entender por qué se ha convertido en un país fallido, en un país que tras no poder conquistarnos con las armas, busca ahora la fusión a través de una inmigración arrolladora, contando con el apoyo de los traidores del patio y las naciones que desean librarse de esa carga.

 

domingo, 1 de noviembre de 2020

AQUEL 6 DE NOVIEMBRE

 

Aquel 6 de noviembre

Por Efraim Castillo 

"Dios, Patria y Libertad. República Dominicana. En el nombre de Dios uno y trino, Autor y Supremo Legislador del Universo.

Los Diputados de los pueblos de la antigua parte Española de la Isla de Santo Domingo, reunidos en Congreso Constituyente Soberano, cumpliendo con los deseos de sus comitentes, que han jurado no deponer las armas hasta no consolidar su independencia política, fijar las bases fundamentales de su gobierno, y afianzar los imprescriptibles derechos de seguridad, propiedad, libertad é igualdad, han ordenado y decretan la siguiente: 
CONSTITUCIÓN POLITICA DE LA REPÚBLICA DOMINICANA"

Los treinta y un hombres que conformaron aquel congreso constituyente —el 6 de noviembre del 1844 en San Cristóbal— con el propósito específico de elaborar una Constitución que garantizara respeto, protección, garantía y deberes a los dominicanos, convirtió en una realidad geográfico-política la nación que Juan Pablo Duarte y los Trinitarios habían ideado en 1838; entendían que los sujetos sociales a los que otorgaban esos derechos y obligaciones [desde y] con el Estado recién formado, ya existían como nación y lo entendían porque —probablemente— conocían el discurso del doctor José Núñez de Cáceres frente al invasor haitiano Boyer, el 9 de febrero del 1822, en donde vaticinó “la imposibilidad de unión entre los dos pueblos de la isla por su diversidad de razas y costumbres”, afirmándole “que  la palabra [es] el instrumento de comunicación entre los hombres; y si no se entienden por el órgano de la voz, no hay comunicación [y] ya veis aquí un muro de separación tan natural como insuperable, como puede serlo la imposición natural de los Alpes y los Pirineos” [Max Henríquez Ureña, Revista Clío 32, 1938].

 José Núñez de Cáceres Albor

Tanto Núñez de Cáceres como Duarte, los Trinitarios y los treinta y un hombres que redactaron nuestra primera Constitución, sabían que más allá del concepto de persona —que puede ser máscara e imitación—, los trescientos cincuenta años [1492-1844] de una historia cuajada de vicisitudes, traiciones y esperanzas, se habían conjugado para convertir a hombres y mujeres provenientes de múltiples continentes y ADN en sujetos sociales a través de una lengua que les permitía informar, comunicar y transmitir a sus descendientes sueños y alternativas, confiriéndoles una singularidad, un sello diferenciador, una cultura con los que podían ser identificados y distinguidos de los habitantes de las demás islas hispano-hablantes del Caribe y, sobre todo, de las que no la hablaban, como el vecino haitiano que trató de anexarnos. Es decir, esos sujetos sociales eran propietarios de una lengua que los capacitaba para transformar y transformarse mediante ella, agrupándolos y convirtiéndolos en ciudadanos de un país soberano.

 Juan Pablo Duarte

Y desde aquel 6 de noviembre del 1844, nuestra Constitución —nuestro sagrado documento— ha sido sometida treinta y nueve veces a cambios, muchos de ellos introducidos para violentar la pureza de su intención e inyectar en su texto artículos que permitieron crímenes y corruptelas a los dictadores que han manchado nuestra historia. Sin embargo, nuestra Constitución ha conservado la esencia que ha regido un discurso nacional lleno de esperanzas, porque esa fue la intención de los treinta y un hombres que aquel 6 de noviembre se reunieron en San Cristóbal para redactarla. 

Por eso, sencillamente por eso, nuestra Constitución —y cualesquier constitución del planeta— está más allá de un simple pedazo de papel, como expresó Federico de Prusia en 1784, y que repitieron el jurista alemán Ferdinand Lasalle en 1862 y Joaquín Balaguer en 1966, enunciados que se han convertido en desgraciados aforismos, a pesar de que quienes los emitieron lo hicieron en contextos muy disímiles.

 

domingo, 25 de octubre de 2020

PUBLICIDAD Y CORRUPCIÓN

 

Publicidad y corrupción

Por Efraim Castillo

Más allá de los kickbacks de Odebrecht, esos azarosos sobornos que desgraciaron al país y enriquecieron a delincuentes que aún caminan airosos por nuestras calles, están los tenebrosos tejemanejes instaurados desde la publicidad/propaganda estatal, que se convirtió en una fiesta de miles de millones de pesos para beneficiar a ministros y burócratas palaciegos y a las llamadas bocinas, y cuyo dispendio, libre de supervisión, se manejó de acuerdo a los vaivenes de una estrategia propagandística sui generis, en donde el danilismo creía estar por encima de la nación, emitiendo mensajes destinados a encumbrar obras construidas o en construcción, surgidas casi todas desde contratos amañados. O sea, la publicidad —utilizada principalmente como propaganda— se convirtió durante el danilismo en una maldita fuente circular, en un feedback que producía y realimentaba un sistema altamente corrupto. 

La publicidad y la propaganda, cuando proceden del Estado, se han prestado siempre a esos juegos sucios, en donde sobresalen los publicitarios que se enganchan a la profesión sin tener una verdadera vocación y practican el oficio como un negocio para enriquecerse. Esto ya lo había escrito hace más de cincuenta años en la revista Ahora, cuando publicaba la columna semanal Pulso Publicitario, para la cual tuve que adoptar el seudónimo Carlos Trigo debido a las denuncias que hacía. En mis artículos referentes a la corrupción publicitaria denuncié los modus operandi de ese método delincuencial para abultar y disfrazar presupuestos [tanto estatales como privados], los cuales parten desde lo que conocemos como el anuncio, que es la unidad informativa contentiva del mensaje y que, tal como enunció Marshall McLuhan en Understanding Media: The extensión of Man [1964], “es el objeto vital de la comunicación”.

Pero, ¿cómo opera la corrupción estatal a través de la publicidad/propaganda? Este sistema publicitario delictivo tiene cuatro vertientes: 1. Cuando el presupuesto se destina a ocultar obras basadas en contratos delictivos, alabándolas como beneficiosas e imprescindibles con el fin de  aumentar la inversión, permitiendo reforzar el núcleo creativo con mentiras [como aconteció con el acueducto de la línea noroeste, las plantas generadoras Punta Catalina, la autopista del coral, etc.]. 2. Cuando se abulta el presupuesto con ítems innecesarios apoyados en la complicidad, o de una agencia o de un soporte [televisión, prensa, radio, influencers, etc.]. 3. Cuando se adulteran los cargos por creación, investigación, talento, asesoría, etc.; a veces, estos modos operativos se combinan de la misma manera que en la mercadotecnia, estableciendo mezclas que responden a las intenciones del fraude programado [es bueno señalar que la postmodernidad, aunque sosteniéndolo como base, ha superado los alcances del clásico marketing mix, inyectando a la mezcla factores emanados desde una cibernética en permanente cambio]. 4. Con la utilización de brókeres —a manera de testaferros— que compran los contratos a los medios con dineros provenientes del mismo mecanismo corrupto.

Pero, ¿se adecentará la publicidad/propaganda del Estado en este anunciado gobierno del cambio? ¿Podrán vencer la tentación de pescar en ese océano de billetes de banco los encargados de ejecutarla?

domingo, 18 de octubre de 2020

CULTURA Y CAMBIO

 

Cultura y cambio

 

[A mi admirada amiga Carmen Heredia Vda. Guerrero, a quien le pido cuidarse de algunas hienas que la rodean]

 

Por Efraim Castillo

 

No hay que asustarse con el vocablo cultura. La cultura es un cúmulo de entornos artificiales, de hallazgos y luchas; de combates ganados a una naturaleza, o siempre hostil, o siempre espléndida, pero continuamente apta para brindarnos lo bueno y lo malo que encierra. Por eso, desde el australopitecus al homo sapiens —en un tránsito de más de un millón de años cargado de glaciaciones, violentas hambrunas y peligrosas migraciones— el ser humano tuvo que prevalecer con el mazo y el fuego como estandartes; todo para formarnos como somos hoy, como seres humanos con modos de vida construidos y aposentados por geografías que guiaron sus establecimientos. De ahí, a que cada etnia haya desarrollado caracteres y singularidades emanados desde su hábitat. Y esa lucha y adaptación es la que ha fundado y modelado a los sujetos y sus existencias, a sus culturas.

 

Pero en esa vasta cronología de espantos, destierros y hallazgos, surgió como una luz la palabra, y la palabra marcó un antes y un después, estableciendo los procesos que han transformado la vida, ya que como enuncia Henri Meschonnic, “es el poema [la palabra] lo que hace que esta vida se transforme y que el lenguaje se transforme mediante esta vida” [Manifiesto por un Partido del Ritmo, 1999]. O sea, que el lenguaje es quien nos define y señala como somos, a través de un continuo perenne. Los griegos, que convirtieron lo abstracto en concepto mediante el asombro, asentaron la transición de valores inculcados en la educación, en la transmisión de lo heredado con la paidéia, el proceso para arribar a la areté, a la construcción del hombre virtuoso, perfecto. Para explicar mejor este discurso, Marco Tulio Cicerón, dos años antes de ser decapitado por Marco Antonio [45 a. C.], lo tradujo en Tusculanae Quaestiones como cultura animi [cultura autem animi], porque “la cultura del alma es la filosofía y es ella quien extirpa radicalmente los vicios”.

 

 Marco Tulio Cicerón


Cicerón creó una matriz del viejo vocablo indoeuropeo kwel y ese paradigma viajó hasta el Siglo XVI [1515], cuando fue documentada la palabra cultura con múltiples acepciones [diccionario crítico-etimológico de Corominas] y en 1729 la RAE ofreció sólo tres, entre las cuales sobresalió que cultura es “metafóricamente el cuidado y aplicación para que alguna cosa se perfeccione, como la enseñanza en un joven, para que pueda lucir su entendimiento.”


 Carmen Heredia Vda. Guerrero


Y esto lo escribo porque Carmen Heredia Viuda Guerrero —nuestra Ministra de Cultura y amiga de toda la vida— sabe que es desde la cultura donde el cambio es posible y tiene el conocimiento y la destreza, además, para enderezar los entuertos de sus predecesores, los cuales manejaron ese ministerio ignorando la importancia de la palabra y la magnitud de los múltiples entornos que han estructurado al sujeto dominicano, permitiendo así que se pierdan asombros y creaciones debido a los múltiples espectáculos y fusiones que los ahogan.

 

domingo, 11 de octubre de 2020

SOBRE SANTOS Y RUMORES

 

Sobre santos y rumores

Por Efraim Castillo

1. Ha nacido un santo

¡Aleluya, Señor, ha nacido un santo! ¡Ha nacido el hombre que República Dominicana esperaba desde que Duarte partió hacia la eternidad! Sí, la Patria necesitaba un hombre como Lisandro José Macarrulla Tavárez, quien ha proclamado que “donará su salario como funcionario [Ministro de la Presidencia] en vista de que su patrimonio le permite vivir sin tocar las arcas del estado”; una disposición que es necesario aplaudir de pie, ya que con esta acción Macarrulla entra a un sagrado espacio que lo convertirá en inmortal y derribará del trono de la filantropía nacional al padre Billini y su lotería para los pobres. Y tengo que decir esto porque me había construido —como mal pensado que soy— una imagen falsa de este santo varón, donde lo vinculaba a los peores intereses de la hegemonía empresarial del país, la cual tiene como meta el achicamiento total del Estado y confinarlo al rol de fiscalizador y árbitro maniatado del desenvolvimiento económico.

 Lisandro Macarrulla

Sin embargo, almaceno algunas sospechas sobre esta publicitada generosidad, tal vez influenciado por los múltiples ejemplos de falsos altruismos que registra nuestra historia, los cuales están hiperbolizados en las tretas de Trujillo, que engañó la nación mediante donaciones que provenían del mismo fisco, un viejo truco que Walt Disney inmortalizó con el Rico McPato —el tío millonario del pato Donald—, quien regalaba dinero en la mañana y en la tarde lo obsequiado volvía a él.  

2. El rumor como estrategia

Si algo positivo surgió de la extensa corrupción peledeísta fue la solidificación del sujeto dominicano, cuyo cimiento gnoseológico —esculpido por la osadía, el miedo, la visión de futuro, la incertidumbre y una religiosidad inculcada folclóricamente—, se robusteció con esos robos, estafas y engaños, haciendo posible que las sospechas sobre el accionar de nuestros políticos se activara constantemente. Por eso, el pueblo ha comenzado a establecer como una estrategia del PRM para ganar imagen, los rumores que se hacen circular desde las esferas oficiales sobre subidas de impuestos, privatizaciones, supresión de la regalía pascual y otros, contradiciendo las promesas de la campaña perremeista y que Luis Abinader, prontamente, desmiente a través de alocuciones con voz y gestos altisonantes.

Desde sumeria, el rumor ha sido utilizado como una estrategia para denigrar, ensalzar y condenar amigos y enemigos. Suetonio lo explica bien en Vidas de los doce césares [121 d. C.], cuando Marco Antonio Bruto, Cayo Casio Longino, Cayo Trebonio y los demás conspiradores que dieron muerte a Julio César, lo utilizaron para desacreditarlo y echar por el suelo las advertencias del adivino etrusco Espurnia, quien advirtió al líder romano que se cuidara de los Idus de marzo.

 Julio César

Como estrategia, el rumor —a veces transfigurado en fake news—, es un cuchillo de doble filo que puede clavarse en la espalda para denigrar, o un manifiesto cuando contiene verdades irrefutables—, pero siempre puede trocarse en un boomerang para quien lo esparce; sobre todo, si logra almacenar odios que no pueden resarcirse.  

domingo, 4 de octubre de 2020

EL MALDITO PASEO

 EL MALDITO PASEO

Por Efraim Castillo 

El maldito paseo a las siete pm en puntito. Claro, Trujillo cena, se acuesta y levanta temprano, y yo vivo de noche: estudio y leo de noche porque la noche es mía, de nadie más. Todos caminamos en fila india encabezados por el Jefe y lo seguimos los ministros, viceministros, guardias, historiadores, poetas, soplones, burócratas, y para terminar el carnaval con sarcasmo político, los bufones. Un tremendo sancocho de veinte carnes que se da el Jefe. Pero, ¿es prudente caminar con tanta gente? Porque a la hora de morir todos morimos solos y hasta los faraones, los emperadores chinos y sus largos ejércitos de velamuerte murieron solos. Pero el Jefe es así, pletórico en la exhibición del poder y cauto, casi solitario en la intimidad de la maldad.

El paseo es a las siete en puntito y luego la noche cubre el país con remembranzas, cuitas y alegrías pasajeras. En montañas, valles, riberas de ríos y playas arrinconadas, en el mismo profundo silencio del país, hombres, mujeres, niños, ancianos, curas y monjas, elevarán sus rezos ante el temor por el futuro y el paseo, el conocimiento de que el Jefe camina desde la calle César Nicolás Penson hasta la avenida George Washington con un séquito de adulones y alcahuetes, los animará a dar gracias a Dios por otro día transcurrido.

El maldito paseo es todo de él y luego de los ministros, viceministros, guardias, soplones, burócratas, historiadores, poetas y bufones. El paseo es de apenas hora y media y en él se puede saborear de todo: desde los chistes pasados por agua hasta las sentencias de muerte y allí surgen agrias expresiones de burla, desparpajo de risas y sorpresas  ante las noticias de desapariciones, cuernos y premiaciones. Trujillo camina con la barbilla en alto. ¡Así quién no! Él se levanta a las cuatro, cuando la alborada es un ligero presentimiento en este trópico misterioso; y la diferencia está ahí: yo no soy él ni él soy yo, que me acuesto tarde y echo parrandas hasta la medianoche. Al caminar, el Jefe lleva un compás de historia: camina delante de nosotros con flux y chaleco de cachemira sin excretar una gota de sudor, haciéndonos palidecer de envidia dentro de nuestras empapadas vestimentas.

Al llegar al obelisco siempre medito, subconscientemente, una pregunta a Trujillo: ¿no desea sentarse, Jefe mío? ¡Deténgase, suavice la caminata un tanto, ¡please!... ¡Por favor, párese frente a ese obelisco que es réplica ridícula del de Tutmosis y del de Teodosto, y que Cucho Pina inauguró en 1937 para enaltecer la gratitud del país a usted, un ave Fénix engendrada ad infinitum desde el 1930. Sí, amado Jefe. ¿Acaso no lo dijo Cucho al recibir el obelisco?:

El obelisco de Santo Domingo. Inaugurado en 1937.

Firmes sus bases, severas sus líneas, enhiesta la figura, señera la cima, la inmensidad del mar como fondo, y como palio el cielo azul: es el altar que se consagra a la gloria de un Benefactor”.

[Del Capítulo 5 de mi novela El Personero, 1984-99]

 

viernes, 25 de septiembre de 2020

ENTREVISTA EN DIARIO LIBRE: SEPTIEMBRE 24, 2020.

 Efraim Castillo: “La literatura no me ha dado una vida más plena”

[Entrevista en Diario Libre. 24.9.2020]

El conocido letrado, laureado varias veces y considerado por muchas personas como un erudito, ha publicado más de veinte obras.


Por Emilia Pereyra


Efraim Castillo, fecundo y laureado escritor de la posguerra dominicana, confiesa que la literatura no le ha dado una vida más plena y que, por el contrario, la ha mortificado y llenado de dudas e interrogantes que atentan contra su yo.


Y aunque, por sobradas razones, en cada enero se presume que su nombre entra en la “tómbola” de donde se selecciona al nuevo Premio Nacional de Literatura, él afirma que el tema le tiene sin cuidado y arguye que nadie se pregunta si Shakespeare o Cervantes obtuvieron preseas, porque sus galardones están en el Quijote y en el Hamlet y él espera que el suyo se encuentre en Currículum, El Personero, Guerrilla nuestra u otra de sus obras.


Con franqueza y amabilidad, el autor accedió, gustoso, a plasmar su hondo pensar al responder preguntas sobre su dilatado quehacer en el campo de la creación y su particular visión de la literatura y otros tópicos vinculados.


Ha cultivado todos los géneros literarios con notables resultados. ¿Qué más le gustaría hacer?


Cuando te aguijonea el numen, esa divinidad que te golpea e impulsa a pensar, a escribir, a pintar, e inclusive a amar sin importar la hora del día o la noche, pierdes el poder de decidir qué género o lenguaje estético abordarás para dar rienda suelta a la creación; o dicho en otras palabras, no se requiere de una chiva blanca [como la del merengue] para darle brillo a la inspiración. La cuestión, entonces, se asienta en un hacer, en la domesticación de un concebir, de un cogito y del —yéndome a Husserl— descubrimiento del desarrollo de la subjetividad. En esta edad, en esta acumulación de siete décadas de vida, el gusto se reduce a un estar que mortifica al hacer y nos tienta insistentemente a un permanecer que debemos combatir con rutinas y evocaciones. Y es ahí en donde entra —u obligado o clandestinamente— el numen. Y para enunciarlo mejor, mi querida Emilia, el gusto por hacer se limita a un simple concebir, y esas concepciones las programo de acuerdo al influjo de los recuerdos y sus cargas de angustias, alegrías y sospechas.


Sorprende que no le hayan concedido el Premio Nacional de Literatura. ¿A usted también le extraña?


Ese premio, así como los demás que he ganado, me tiene sin cuidado y cuando leo o escucho que mi nombre podría bailotear en la tómbola de los posibles agraciados paso a la página siguiente, a la que nos conectará irremediablemente con el futuro. Podrás ganar todos los premios, pero si tu obra no trasciende no vale de nada. Nadie se pregunta si Shakespeare o Cervantes ganaron premios, porque sus galardones están en el Quijote y Hamlet. Ojalá que mi premio esté en Currículum, El Personero, Guerrilla nuestra, o en algunos de mis cuentos u obras de teatro. Sería más que suficiente, porque si lo que produces lo organizas a través de una posible obtención de premios, te encadenas y esclavizas a una creación marcada por el mercado o fruto de una estrategia equivocada.


 Efraim Castillo

Como buen analista de la realidad dominicana, ¿qué tendría que hacer el Gobierno en el ámbito cultural para obtener buenos resultados?


No hay que asustarse con el vocablo cultura, que es un cúmulo de entornos artificiales, de hallazgos y luchas; de combates ganados a una naturaleza, o siempre hostil, o siempre espléndida, pero siempre apta para brindarnos lo bueno y lo malo que encierra. Por eso, desde el australopitecus al homo sapiens hubo un tránsito de más de un millón de años; aquel fue un viaje cargado de glaciaciones, violentas hambrunas, peligrosas migraciones; todo para formarnos como somos hoy, como seres humanos con culturas estructuradas por las geografías que guiaron sus establecimientos. De ahí, a que cada etnia haya desarrollado singularidades propias emanadas de lo ofrecido por su hábitat; y esa lucha y adaptación es la que ha fundado sus culturas y modelado sus vidas. Este gobierno no puede forzar a los gobernados a desarrollar aptitudes contrarias a su cultura; obligarlos a ejercer imitaciones que violenten sus discursos históricos. El éxito del sistema educativo del Japón es una prueba de que, para educar, sólo es preciso estudiar la propia historia, seguir su hilo conductual y anexarle los nuevos hallazgos y descubrimientos. Es una educación desde donde la otredad se convierte en autoconocimiento y se evaden complejos y mitos. El país está obligado —para no quedar rezagado— a transformar el aprendizaje que se imparte en el sistema público para insertarse en los nuevos paradigmas educativos. Pero para lograr esto, se debe tener en cuenta que toda enseñanza [sobre todo en los niveles primarios] debe partir de una antropología educativa, en donde al educado se le transmitan valores esenciales y el conocimiento básico de lo que somos. Desgraciadamente, hemos abandonado a Hostos y nos hemos internado en la arena movediza de una educación fusionada que, al final, nos hará más mal que bien.


Tiene una sólida bibliografía y varias obras galardonadas. ¿Se reta cuando escribe?


Todo ejercicio creativo es un reto, un desafío en busca de un tercer discurso, de arribar a ese lugar que sospechamos existe y aguarda por nosotros. Desde luego, cada desafío conlleva —en la búsqueda— altas dosis de paciencia, de intranquilidad, de conocimientos y desvelos. Por eso es imposible escribir una novela, un poema, realizar una pintura, o una obra musical, sin retarnos a nosotros mismos. La hoja o el lienzo en blanco, para el escritor y el pintor, el pedazo de mármol o el cúmulo de barro para el escultor, así como las teclas del piano para el músico, se convierten en campos de batalla cuando el numen se posesiona del cerebro y es ahí en donde comienza la lucha, el reto.


Su literatura se centra bastante en el pasado y en ciertos traumas nacionales. ¿Es casual o se propuso entrar la daga en esos conflictos?


Toda literatura, ya sea de ficción o ensayo, parte de un pasado, de un continuo-discontinuo que nos aguijonea, que nos provoca evocaciones y al que tenemos que cuestionar para enfrentarlo al futuro, a lo que viene. Y es de ahí de donde surge el ritmo-sentido. Cuando escribo percibo un enunciado fundamental de Meschonnic: “La poética, en lo que se escucha, en lo que se dice, busca la escucha contra la razón del signo. Hace la pregunta contra la sordera del signo. Avanza en esa selva. Escucha que nos trae la noción de ritmo, la implica, la trama, es una organización del movimiento de la palabra en el lenguaje: es su fuerza, su temblor, su pregunta incesante”. Cuando el pasado fluye en nuestra memoria, nada mejor que atraparlo en la literatura.


¿Desde el inicio de su carrera literaria le importó cómo contar sus historias?


Las historias viven en uno y nos acompañan siempre, Emilia. Por eso soñamos y evocamos. Son las historias, las buenas y las malas, las que moldean nuestra vida y la hacen vivible, sostenible. Porque, ¿qué sería del mundo sin historia? El propio Heródoto, en el proemio de su obra se vincula a sí mismo para expresar que lo que escribió es una narración: “Esta es la exposición del resultado de las investigaciones de Heródoto de Halicarnaso para evitar que, con el tiempo, los hechos humanos queden en el olvido y que las notables y singulares empresas realizadas, respectivamente, por griegos bárbaros —y, en especial, el motivo de su mutuo enfrentamiento— queden sin realce".


¿Bajo qué parámetros definió su sello distintivo al escribir?


Toda creación, si es creación —aún la divina—, no puede ajustarse, ni ensamblarse, ni buscar parámetros. Al contrario, es la creación la que debe convertirse en parámetro, en paradigma. Te lo apunté más arriba: la creación, para ser una verdadera creación, debe ser única. Claro, puede enmarcarse en estilos, en ciertas normas, aunque instintivamente sea presa de los incontrolables intertextos que se introducen en toda literatura; debido a que por más original que pueda ser un texto, siempre se aposentan en su tejido algunos enunciados, ciertas figuras y construcciones que han venido transitando por la poética desde hace milenios. Ese es un continuo que está anexado a la misma evolución humana, en donde cada civilización le debe algo a la anterior... todo a partir de la sumeria. Si lo exploras, aunque someramente, encontrarás en los poemas más significativos de la postmodernidad algún intertexto del poema de Gilgamesh, Aquel que vio las profundidades [Sha naqba ïmurud], escrito en el siglo XXVII a. C.


¿En qué género ha trabajado con mayor fluidez?


Los géneros literarios, esa categorización retórica que los encasilla en la narrativa, la poesía y el drama, siempre se tocan, porque estructuran la poética y conforman un todo nomotético, en donde las palabras son las protagonistas de lo referido en el poema, en la novela o en el drama; porque “las palabras no están hechas para designar las cosas; están ahí para situarnos entre las cosas”, como expresó Henri Meschonnic en su manifiesto El Partido del Ritmo. Por eso, mientras escribo un cuento me asalta el poema, o pienso en una pieza teatral. Cuando las palabras fluyen siempre buscan el lugar apropiado para construir la poética y echar abajo al signo.


[Quienes emiten juicios lapidarios sobre la literatura dominicana son, por lo regular, escritores frustrados, seres a los que el numen no aguijoneó para imprimirles el sello esplendente del poder creativo.]


¿Quiénes han sido sus maestros?


En la literatura, los maestros enseñan a través de sus obras, en las cuales abrevan los lectores que se convertirán en escritores, los cuales por lo regular almacenan en sus producciones una señal, alguna huella del maestro. En el caso mío, un autodidacta que comenzó a leer desde los cuatro años, las improntas que me marcaron proceden de docenas de autores, cuyas obras se enraizaron en mí y esculpieron mi producción. Cuando escribo —y a veces cuando sueño—, me imagino socorrer a esa Genoveva de Brabante cuya historia fue el primer cuento que leí, escrito por el excelso Christoph von Schmid [1768-1854], uno de los máximos exponentes de la literatura infantil.


De su amplia producción, ¿tiene alguna obra preferida?


Siempre las hay, sobre todo aquellas que emanaron de profundas nostalgias, de esas grietas dolorosas o eufóricas que se asientan, echan raíces y buscan escapar a través de los recuerdos. Cuando se escribe presionado por esas evocaciones lo que permanece en el papel ya forma parte de nosotros, se convierte en hijo, o hija, en hermano o hermana, ya sea novela, poesía o teatro.


¿La publicidad le ayudó a ser mejor escritor?


No, no me ayudó, ni creo que haya ayudado a ninguno de los escritores que me siguieron en ese espinoso camino de publicitar bienes y servicios. La publicidad sí me ayudó a escapar de ciertos tedios conectados al trauma social que vivió el país a partir del golpe de estado a Juan Bosch, en 1963, que fue cuando me inicié en esa actividad de la mano de Ramón Oviedo. Pero la publicidad, luego se constituyó en una trampa porque me abracé a su sistema y la estudié a fondo, no solo para estar al día y poder competir con las agencias internacionales, sino para conocer su historia, su sistema, sus estrategias y dominicanizarla hasta donde pudiera. Ahí están los ensayos que escribí y los cursos y seminarios que dicté sobre ella.


¿La literatura le ha dado una vida más plena?


El vocablo plenitud es totalizador y la actividad literaria no lo es, porque parte de fragmentaciones, de pedazos de existencia que se van recogiendo a medida que se vive. Por eso, cuando se termina de escribir una novela, un cuento, o un drama, ipso facto el cerebro comienza a construir otro. La plenitud es un alcance, una totalidad existencial, un todo ontológico. Entonces, debo decirte que no, la literatura no me ha dado una vida más plena. Al contrario, la ha mortificado y llenado de dudas, de interrogantes que atentan contra mi yo.


Con alguna frecuencia leemos juicios pesimistas y lapidarios sobre la literatura dominicana. ¿Hay razones para pensar de esa manera?


No, rotundamente no. A la literatura dominicana debemos aplaudirla, porque la literatura que se ha creado en el país forma parte de la construcción del sujeto dominicano y por eso debemos admirarla y difundirla. Debo decirte, Emilia, que cuando leo una obra literaria [poema, cuento, novela o teatro] producida por alguno de los jóvenes que se están atreviendo a escribir en un país como el nuestro —en donde cada día se lee menos—, me pongo de pie y aplaudo. Tú, Emilia, que haces literatura, sabes como yo lo que cuesta, lo que significa permanecer horas y horas frente a una máquina de escribir o una computadora, tratando de construir una historia que se extrae desde la angustia o la alegría del país, y que, luego de invertir ahorros en su publicación, permanezca inerte en la estantería de una librería. Quienes emiten juicios lapidarios sobre la literatura dominicana son, por lo regular, escritores frustrados, seres a los que el numen no aguijoneó para imprimirles el sello esplendente del poder creativo.


El recorrido


Efraim Castillo nació en Santo Domingo en 1940. Es narrador, dramaturgo, publicitario, crítico de cine y literatura. Ha ejercido las carreras de publicitario y escritor. Su presencia en las letras nacionales se inició en la década de los sesenta.


Fue galardonado en los concursos que organizaba el grupo La Máscara en los años 60, primero con el cuento Consígueme La náusea, Matilde (1967) y luego con Inti Huamán o Eva again (1968).


En las décadas de los 70, 80 y 90 fue laureado repetidas veces en los premios de Casa de Teatro y otras agrupaciones culturales.


Ha obtenido el Premio Nacional de Novela en dos ocasiones, en 1982 con Currículum (El síndrome de la visa), y en el 1999 con El personero. También obtuvo el Premio Nacional de Cuento en el 2001 con Los ecos tardíos y el Premio Nacional de Teatro dos veces: en el 2003 con Los inventores del monstruo y en 2016 con Los coberos del reino. Muchos de sus cuentos figuran en las principales antologías dominicanas de dicho género.


Ha publicado 21 libros y tiene otras obras inéditas.